La niebla llegó antes que el alba, y con ella, la carta.
Nadie vio al mensajero. Solo quedó el sobre gris sobre el umbral, sellado con una gota de cera del color de la ceniza. Elian lo recogió sin saber que, al romper el sello, también rompería algo mucho más antiguo.
“Lo que se entrega, se cumple.”
Esas fueron las únicas palabras dentro. Y sin embargo, esa misma tarde, la calle donde vivía amaneció con un nombre distinto.